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Guía de Formentera

Formentera tiene una superficie de 82 kilómetros cuadrados, incluidos sus islotes adyacentes. Estamos ante un territorio casi plano, unido por una estrecha franja de tierra entre la parte más alta al este, la Mola, con una cota de 192 metros de altura sobre el nivel del mar, y otro promontorio al sur, es Cap de Barbaría, cuya máxima altura se sitúa en la torre Guillem, con 107 metros. Otra de sus características son sus zonas húmedas, al norte y al noroeste, que forman parte del Parque Natural de ses Salines de Eivissa y Formentera, dominados por dos estanques: s’Estany Pudent y s’Estany del Peix, ambos comunicados con el mar.

Existen varios núcleos de población, aunque la mayoría de los habitantes viven en las zonas rurales, a las que se accede mediante una amplia red de caminos rurales que permiten llegar a todos los rincones, recorriendo el paisaje interior salpicado de casas. Los principales ejes viarios giran en torno a tres carreteras, con algunas variantes. La carretera principal nace en el puerto de Formentera, en la localidad de La Savina, y cruza toda la isla de oeste a este, hasta llegar al faro de la Mola.Su longitud es de 19,5 kilómetros. Existe otra vía que recorre la zona norte y comunica la Savina con es Pujols y Sant Ferran, cruzando por las salinas.

En el puerto se concentran todos los servicios náuticos que cualquier aficionado puede desear. Además de dos puertos deportivos, existen escuelas de buceo y de náutica para practicar windsurf, kitesurf, kayak de mar y vela ligera. Por supuesto, varias empresas aquí localizadas, ofrecen excursiones por mar, o la posibilidad de alquilar embarcaciones tanto de vela como de motor.

A poco más de dos kilómetros se encuentra la principal localidad es Sant Francesc Xavier, donde se concentra gran parte de la actividad administrativa y de servicios. En este pueblo se encuentra la Casa Consistorial, la Oficina de Atención Ciudadana, la iglesia fortificada del siglo XVIII, varios centros educativos, incluido el Instituto de secundaria, el Hospital, así como la zona deportiva, con piscina cubierta y el moderno polideportivo ‘Antoni Blanch’. Los equipamientos culturales también se localizan aquí, con la sala de exposiciones, el cine, el centro artesanal y mercado campesino ‘Gabrielet’. Es conveniente, en los meses de verano, en caso de desplazarse en coche o moto, dejar el vehículo en algunos de los aparcamientos públicos, ya que el centro de la localidad es totalmente peatonal. El centro del pueblo se sitúa en la plaza de la Constitución, con la iglesia y la sede del Consell Insular de Formentera.

Desde aquí sale la tercera carretera hacia Es Cap de Barbaria y a medio camino la bifurcación que lleva a Cala Saona,una playa muy característica, situada al oeste y jalonada de casetas de pescadores desde donde se ve una espléndida puesta de sol.

Volviendo a Sant Francesc y siguiendo por la carretera principal a 2,5 kilómetros llegamos a Sant Ferran de ses Roques. Este pueblo, situado en el centro de la isla ofrece en verano varios puntos de interés. Uno de ellos es la mítica Fonda Pepe, uno de los pocos establecimientos que mantiene el genuino estilo de los años cincuenta y sesenta, cuando los jóvenes inconformistas procedentes de Estados Unidos y Europa descubrieron Formentera para el mundo. Fueron los años del movimiento hippie, cuando a finales de los años sesenta se produjo el descubrimiento de la isla por parte de toda una generación que dejó tras de si aires de libertad, tolerancia y una forma de relacionarse en paz y respeto con el entorno que sigue siendo una de las claves del éxito de la isla. Además dejaron una estética propia que década tras década sigue siendo una seña de identidad en la moda, el arte, la música y la artesanía. Al lado de la Fonda se encuentra la plaza de la iglesia y la calle Mayor que, entre mayo y octubre, se convierte en mercado de arte, con la presencia de artistas locales que muestran y venden sus obras junto a los genuinos artesanos locales, con productos originales que llevan necesariamente incorporado el espíritu de la isla.

Si desde aquí nos dirigimos hacia el norte llegamos a la localidad de Es Pujols, con la única playa urbana de la isla. Esta localidad cuenta con gran cantidad de comercios y de locales de ocio, incluidas las únicas dos discotecas de la isla, junto a una amplia oferta de bares musicales.

Siguiendo por la carretera principal enfilaremos hacia la Mola para pasar por la franja más estrecha de la isla que nos lleva hasta Es Caló de Sant Agustí. Este recorrido es digno de mención ya que encontraremos, en el lado sur toda una sucesión de campos de cultivo separados por las típicas paredes de piedra seca. Destaca sin duda la presencia de las higueras, árbol típico de Formentera, que en esta zona presenta ejemplares únicos por su envergadura y belleza. Es Caló fue el primer puerto de la isla para convertirse posteriormente en un típico puerto de pescadores donde el anfiteatro de casetas varaderos de barcos de pescadores se abre a un recoleto puerto.

Poco más adelante empieza la subida a la Mola, el único desnivel importante de la isla que se alcanza serpenteando una estrecha carretera. A medio recorrido está el mirador con una de las vistas panorámicas de la isla más fotografiadas.

Superado el desnivel el viajero se adentra en un altiplano coronado por el pueblo deElPilar de la Mola. Una pequeña concentración de casas y negocios, en el que destaca en verano el mercado de Artesanía, que abre los miércoles y domingos por la tarde. Este fue el primer mercadillo hippie que se organizó de forma espontánea a principios de los años ochenta de la mano de un grupo de artistas y artesanos que con el paso del tiempo se han convertido en reconocidos creadores. Este espacio de artesanía ofrece además animación musical y espectáculos de calle que contribuyen a mantener el ambiente que inspiro sus orígenes.

Más allá del Pilar está el faro de la Mola, el punto más al este de la isla, bajo el que se levantan impresionantes acantilados. Es uno de los lugares recomendados para observar la salida del sol, un espectáculo al que solo llegarán lo más madrugadores.

Pero además de la variedad y diversidad del paisaje de Formentera quizá lo más apreciado sea algo que no se ve, intangible con los sentidos, pero que se siente en el espíritu y que finalmente se lleva uno en su memoria para siempre. Es la isla invisible, la parte más íntima, relacionada con sensaciones mágicas, de emoción, tranquilidad, paz y libertad. Todo en un entorno geográfico irrepetible tanto por la calidad y transparencia del mar que la rodea como por la luz irrepetible que ofrece el Mediterráneo en esta agua. Formentera ofrece en definitiva un entorno único, comparado hasta la saciedad con el paraíso, pero que al fin y al cabo esconde un secreto que cada visitante debe descubrir para conocer su isla.

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